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Como Moverse en una Milonga

La circulación en la milonga: cómo entrar, bailar y compartir la pista

Cuando empezamos a bailar tango, aprender los pasos y la técnica suele ocupar casi toda nuestra atención. Sin embargo, cuando salimos a bailar a una milonga descubrimos que hay algo más que aprender: cómo compartir la pista con otras personas.

La pista de una milonga no es un espacio vacío en el que cada pareja puede desplazarse libremente. Es un espacio organizado, limitado y compartido.

Hay personas sentadas, personas que conversan, camareros o personal del salón, parejas que están bailando y otras que esperan para entrar. Todo eso forma parte de la dinámica de una milonga.

Por eso, aprender a circular no significa solamente saber que el tango se baila siguiendo una ronda en sentido antihorario.

Significa aprender cómo ocupar el espacio destinado al baile, cómo entrar a la pista, cómo desplazarse, cómo mantener una distancia adecuada, cómo adaptarse a las demás parejas y cómo salir sin interferir con quienes continúan bailando.


Antes de entrar a la pista: el espacio también se organiza

Una de las primeras cosas que tenemos que entender es que no todo el salón es pista de baile.

El organizador dispone el espacio de acuerdo con las características del lugar.

Puede haber:

  • mesas;
  • sillas;
  • barras;
  • sectores de circulación;
  • espacios para esperar;
  • sectores para personas que no están bailando;
  • pasillos;
  • zonas de servicio;
  • baños y accesos;
  • y finalmente el espacio destinado específicamente al baile.

Cuando vamos a una milonga, debemos respetar esa organización.

No corresponde atravesar la pista para llegar a una mesa, cruzarla para ir al baño o utilizar el espacio de baile como zona de paso cuando no estamos bailando.

Puede parecer una cuestión menor, pero una persona caminando por el medio de una pista en movimiento puede obligar a varias parejas a modificar su trayectoria.

El espacio de circulación de las personas que no están bailando debe mantenerse separado, en la medida de lo posible, del espacio de baile.

Esto es especialmente importante cuando la milonga está llena.


¿Dónde comienza realmente la pista?

La pista no empieza simplemente donde vemos que hay espacio.

El organizador establece, de manera explícita o mediante la disposición de mesas y sillas, cuál es el espacio destinado al baile.

Por eso, antes de entrar, conviene observar.

Miremos:

  • dónde están bailando las parejas;
  • por dónde se incorporan;
  • hacia qué dirección circulan;
  • dónde están las mesas;
  • dónde circulan las personas que no bailan;
  • y qué espacio queda disponible para incorporarse.

Esta observación nos permite evitar uno de los errores más frecuentes de quien empieza: entrar a la pista sin mirar lo que está ocurriendo dentro de ella.


Cómo incorporarse a la pista

Entrar a una pista en movimiento requiere cierta atención.

No conviene simplemente caminar hacia adelante hasta encontrar un lugar.

La incorporación debe hacerse buscando un espacio adecuado dentro de la ronda.

Antes de entrar:

  1. Observá la dirección en la que circulan las parejas.
  2. Identificá un espacio suficiente para incorporarte.
  3. Esperá el momento adecuado.
  4. Ingresá respetando la trayectoria de las parejas que ya están bailando.
  5. Una vez dentro, adaptá inmediatamente tu velocidad al flujo de la pista.

La pareja que ya está circulando tiene prioridad sobre quien intenta incorporarse.

Por eso, si vemos que viene una pareja, esperamos.

No debemos obligarla a frenar, desviarse o esquivarnos para poder entrar.

Una incorporación correcta casi no debería llamar la atención

Ese es un buen indicador.

Entramos, encontramos nuestro espacio y continuamos la circulación sin que las demás parejas tengan que modificar lo que están haciendo.


El sentido de circulación

En la mayoría de las milongas de tango argentino, las parejas circulan alrededor de la pista en sentido antihorario.

Esto genera una ronda.

La pareja avanza siguiendo a la pareja que tiene delante y, al mismo tiempo, mantiene una distancia prudente respecto de las que están detrás y a los costados.

La ronda no es una carrera.

No existe un objetivo de completar vueltas a la pista.

La finalidad es poder bailar y desplazarse de manera ordenada mientras se comparte el espacio.

Por eso podemos avanzar, reducir la velocidad o detenernos momentáneamente según lo que ocurra delante.


Los tres carriles de la pista

En muchas milongas podemos observar que las parejas terminan organizándose en tres carriles o pistas concéntricas de circulación.

No se trata de una división física necesariamente marcada en el piso. Son espacios de circulación que se forman por la propia distribución de las parejas.

Una manera práctica de entenderlos es relacionarlos con tres niveles de experiencia y de desplazamiento.

Carril exterior: baile más controlado y de menor desplazamiento

Es el carril próximo al borde de la pista.

Aquí suele ser conveniente mantener un baile especialmente controlado porque es una zona muy visible y donde cualquier desplazamiento hacia afuera puede terminar acercándonos a mesas, sillas o personas.

Es un buen lugar para quienes todavía están desarrollando seguridad en la pista, siempre que puedan mantener la circulación y respetar el espacio.

Carril intermedio: circulación moderada

Es la zona intermedia de la pista.

Puede ser utilizada por parejas con mayor experiencia y capacidad para mantener una circulación estable, adaptando el tamaño de sus movimientos a lo que ocurre delante.

Carril interior: mayor capacidad de desplazamiento

Es el carril más cercano al centro.

En algunas milongas puede ser ocupado por parejas con mayor experiencia, especialmente cuando pueden mantener una circulación fluida y controlar mejor sus desplazamientos.

Pero hay algo importante:

los tres carriles no son una ley universal del tango.

La distribución puede variar según el salón, el organizador, el tamaño de la pista, la cantidad de personas y las costumbres de cada milonga.

Por eso, antes de decidir dónde bailar, observemos cómo está funcionando esa pista concreta.


No alcanza con saber en qué carril estamos

Una vez que entramos en un carril, debemos intentar mantener nuestra trayectoria.

No conviene saltar constantemente de un carril a otro.

Cambiar de carril puede interferir con las parejas que están circulando en él.

Por ejemplo, si estamos en el carril exterior y queremos pasar repentinamente al carril intermedio, podemos cruzarnos con una pareja que viene circulando allí.

Los cambios de trayectoria deben hacerse solamente cuando existe espacio suficiente y podemos realizarlos sin interferir con otras parejas.

En una pista llena, muchas veces la mejor decisión es mantener nuestro carril y esperar.


La pareja que está adelante marca nuestro límite

Este es uno de los principios más importantes de la circulación.

El espacio que tenemos delante no nos pertenece.

Si hay una pareja bailando adelante, debemos adaptar nuestro movimiento a ella.

Si avanza lentamente, nosotros también reducimos la velocidad.

Si se detiene, nosotros podemos detenernos.

Si deja poco espacio, utilizamos movimientos pequeños.

Esto puede parecer frustrante cuando tenemos ganas de bailar una secuencia determinada, pero es justamente una de las habilidades que diferencian el baile social del baile practicado en una clase.

En una clase tenemos un espacio pensado para aprender.

En una milonga tenemos que resolver lo que está ocurriendo en tiempo real.


¿Se puede pasar a la pareja de adelante?

Esta es una cuestión que requiere especial cuidado.

En términos generales, no deberíamos intentar pasar constantemente a la pareja que tenemos delante.

La circulación funciona mejor cuando las parejas mantienen su posición relativa dentro de la ronda.

Si la pareja de adelante está circulando lentamente, podemos adaptar nuestra velocidad.

Si existe espacio suficiente y la dinámica de esa pista permite realizar un adelantamiento sin interferir con otras parejas, puede ser posible hacerlo de manera excepcional.

Pero pasar no significa:

  • meterse bruscamente por un costado;
  • cortar la trayectoria de otra pareja;
  • cambiar de carril sin mirar;
  • adelantar utilizando movimientos grandes;
  • obligar a otra pareja a detenerse.

Si para pasar necesitamos hacer todo eso, no hay espacio para pasar.

La mejor opción es esperar.

Una milonga no es una autopista.


¿Qué hacemos cuando la pista se detiene?

Es completamente normal.

La ronda puede avanzar unos metros y después quedar momentáneamente detenida.

No debemos sentir que estamos haciendo algo mal.

Cuando la pareja de adelante se detiene, podemos:

  • detenernos;
  • bailar en el lugar;
  • trabajar la musicalidad;
  • hacer movimientos pequeños;
  • mantener el abrazo;
  • esperar que la ronda vuelva a avanzar.

Una buena pareja de tango social sabe bailar tanto cuando tiene espacio como cuando no lo tiene.

De hecho, aprender a disfrutar de una pausa es una de las mejores formas de mejorar nuestro baile.


Los movimientos deben adaptarse al espacio

Una figura que funciona perfectamente en una clase puede no ser apropiada para una pista llena.

Esto ocurre especialmente con movimientos que requieren:

  • mucho desplazamiento;
  • grandes aperturas;
  • giros amplios;
  • extensiones de las piernas;
  • desplazamientos hacia atrás;
  • cambios bruscos de dirección.

No significa que esos movimientos estén prohibidos.

Significa que debemos saber cuándo y dónde utilizarlos.

La técnica social incluye precisamente esa capacidad de adaptar el movimiento.

En una pista llena, un paso pequeño y preciso puede ser mucho más apropiado que una figura espectacular.


El espacio detrás también importa

Quien conduce suele prestar mucha atención a lo que ocurre delante.

Pero también es importante tener cierta conciencia del espacio que dejamos atrás.

Esto es especialmente importante cuando realizamos movimientos que llevan el cuerpo o las piernas hacia atrás.

No podemos ver todo lo que ocurre detrás de nosotros, por eso debemos desarrollar una conducción prudente.

Si no estamos seguros de tener espacio, es mejor utilizar un movimiento más pequeño.

La seguridad de la pista está por encima de la figura que queríamos hacer.


Las personas que no están bailando también forman parte del espacio

Una milonga no está compuesta solamente por parejas en la pista.

Hay personas que:

  • están sentadas;
  • conversan;
  • esperan;
  • buscan a alguien;
  • sirven bebidas;
  • trabajan en el salón;
  • se dirigen al baño;
  • entran o salen.

Por eso, las zonas de circulación deben respetarse.

Quien no está bailando debe evitar atravesar la pista mientras las parejas están circulando.

Y quienes están bailando también debemos evitar utilizar las zonas destinadas al tránsito de personas.

Cuando ambos espacios están claramente diferenciados, todo funciona mejor.


Entrar y salir de la pista

Salir de la pista también requiere atención.

No conviene abandonar la ronda de manera repentina cruzando delante de otra pareja.

Lo ideal es buscar un punto donde podamos salir sin cortar la trayectoria de quienes vienen detrás.

Una vez fuera de la pista, debemos continuar por el espacio destinado a la circulación de personas.

Lo mismo ocurre cuando queremos volver a entrar.

Salir de la pista no significa que la pista deje de existir.

Seguimos teniendo que respetar el movimiento de quienes continúan bailando.


¿Qué pasa si alguien se mete delante nuestro?

Puede suceder.

Alguien puede incorporarse a la pista delante de nuestra pareja o cambiar de trayectoria.

La respuesta no debería ser acelerar para recuperar el lugar.

Adaptamos la marcha.

La pista funciona mejor cuando las parejas pueden corregir pequeñas situaciones sin convertirlas en conflictos.

Una milonga es un espacio social.

No necesitamos defender una posición como si fuera territorio conquistado.


La circulación también es comunicación

Una pareja que circula bien está constantemente interpretando información.

No solamente escucha la música.

También observa:

  • la velocidad de la ronda;
  • la distancia con la pareja de adelante;
  • el espacio lateral;
  • los cambios de trayectoria;
  • la densidad de la pista;
  • las incorporaciones;
  • las salidas;
  • y el comportamiento general del salón.

Con el tiempo, esta observación se vuelve casi automática.

Al principio puede parecer que tenemos demasiadas cosas para controlar.

Es normal.

Con la práctica, muchas de ellas pasan a formar parte de la percepción natural del baile.


Una pista llena no significa que haya que bailar peor

Significa que hay que bailar de otra manera.

Cuando la pista está llena, el baile necesita más precisión y menos desplazamiento.

Cuando hay mucho espacio, podemos aprovecharlo sin perder el control.

La calidad del baile no depende de cuánto espacio ocupamos.

Depende de nuestra capacidad para interpretar la música, mantener la conexión con nuestra pareja y adaptarnos al lugar donde estamos.


Una regla sencilla para quien empieza

Si todavía no tenés mucha experiencia en una milonga, podés recordar esta secuencia:

Observá.

Antes de entrar, mirá cómo está organizada la pista.

Esperá.

Encontrá un momento adecuado para incorporarte.

Entrá.

Incorporate respetando la ronda y a las parejas que ya están bailando.

Mantené tu carril.

No cambies constantemente de trayectoria.

Mirá hacia adelante.

La pareja que está delante determina cuánto espacio tenés.

Adaptá tus movimientos.

Cuanto menos espacio haya, más pequeños y controlados deben ser.

Esperá cuando sea necesario.

Una pausa no es un problema.

Salí con cuidado.

No cortes la circulación cuando abandones la pista.


La verdadera habilidad es compartir la pista

Aprender a circular es aprender una parte fundamental del tango social.

Podemos saber caminar, hacer giros, adornos y muchas figuras, pero si no sabemos compartir el espacio, nuestro baile se vuelve difícil para los demás.

La circulación no busca limitar el baile.

Busca hacerlo posible.

Permite que muchas parejas puedan escuchar la misma música, bailar al mismo tiempo y disfrutar del encuentro sin que cada una tenga que defender su propio espacio.

Por eso, cuando empezamos a ir a una milonga, no pensemos solamente:

«¿Qué pasos sé hacer?»

También deberíamos preguntarnos:

«¿Sé moverme sin molestar a los demás?»

Esa pregunta marca una diferencia enorme.

Porque bailar tango social no consiste solamente en saber qué hacer con nuestro cuerpo.

Consiste también en saber dónde estamos, quiénes están alrededor y cómo compartir con ellos la pista.

Y cuando finalmente conseguimos hacerlo de manera natural, dejamos de pensar en la circulación.

Simplemente bailamos.

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